Aprendiendo a manejar el calor

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Los balcones con sombra son fantásticos refugios del calor. Foto: Joanna van der Gracht de Rosado

Durante gran parte del año, las noches en Yucatán son frescas y tranquilas. ¿Pero qué hacer cuando sale el sol?

Pues, mientras escribo esta entrada son las 3:30 de la tarde, definitivamente la hora más calurosa del día. Una amiga me acaba de mandar un mensaje de texto informando que se está meciendo en su hamaca y observando las vigas de madera de su techo. Dice que cuando termine de checar su correo electrónico se meterá un rato a su alberca. No me comento si tiene la intención de entrar directamente por su jardín lateral, o si pasara por su gran sala. 

Ambos espacios están llenos de verdes y frescas plantas. Desde el interior puede observar el cielo azul, a través de sus grandes ventanas que se estiran del piso al techo. Las nubes son visibles no solo en el cielo, sino también en la refleccion del agua cristalina de su alberca. 

Una pieza de Bach se escucha a bajo volumen a través de una bocina Bose, permitiendo que también se pueda apreciar el sonido de múltiples fuentes dispersas en el patio. 

Me dice que no ha sudado para nada durante todo el día, aunque la temperatura es de 37 grados. “En Yucatan uno tiene que aprender cómo manejar el calor, no batallar con él. Si esto no lo entendemos bien, ningún aire acondicionado podrá satisfacer nuestras necesidades en los meses de verano”, dice mi amiga. 

¿Y cómo es que “maneja” el calor? 

El primer punto a considerar es la forma en la que se orienta tu terreno. Es importante evitar tener puertas y ventanas que miran hacia al suroeste, ya que es de aquí donde el sol brilla más fuertemente en las horas más calurosas de la tarde. El calor siempre incrementara en lugares donde el sol pueda adentrarse a la casa.

Si tu casa ya cuenta con ventanas o puertas que miran al suroeste, considera moverlas y taparlas con bloques de cemento. ¿Pero si esto no te es posible?

Bueno, otras estrategias también pueden ayudar. Pero las  examinemos en uno o dos días, porque ha llegado la hora de mi siesta.