Los mercados de Mérida son abundantes y divertidos, así que exploré algunos y encontré varias frutas locales para llevar a casa. Luego probé algunas recetas.

Empecé el día en los mercados más grandes de la ciudad. Entré a Lucas de Galvez, en las esquinas de 42 y 65, en el Centro. El aparcamiento es difícil, así que dejé el coche en casa y cogí un Uber.
Este mercado es antiguo y enorme, por lo que es fácil perderse, así que hay que prestar atención y quizá incluso llevar una brújula. Los vendedores de frutas y verduras se encuentran por centenares.

Empecé a seleccionar productos sencillos y fui subiendo hasta llegar a frutas únicas y exóticas que eran nuevas para mí. Mis primeras compras fueron una papaya local y un mango.

Foto: Maggie Cale

Los mangos son una fruta de piel gruesa, pero de hueso dulce y muy jugosa. Si nunca los ha probado, hágase un favor y pruebe un mango, son deliciosos y están cargados de vitaminas.

Las papayas son de color rojo anaranjado por dentro y tienen una fruta carnosa y dulce. La mujer a la que se las compré me dijo: “Ahora mismo son las que más vendo. Mi familia las come a diario”.

Mi segunda parada fue el adyacente Mercado San Benito en la 54 con la 69. Encontré mamey, una fruta con una especie de piel marrón de aspecto rugoso. En su interior hay una pulpa marrón-naranja muy rica, casi como un pudín. Sabe a una mezcla de albaricoque y camote, y es rica en nutrientes. Es bueno como espesante en los batidos o cortado en una ensalada.

Foto: Maggie Cale

También recogí algunas guayabas pequeñas, una fruta dulce con un aroma increíble. La vendedora me explicó cómo utiliza la guayaba: “Las usamos en mermelada o jalea”.

Y mi última compra en San Benito fue una bolsa de guaya (también llamada huaya), una fruta un poco ácida, pero que se pela fácilmente y se lleva a la boca, con hueso y todo, y se chupa para obtener el jugo. Eso sí, no hay que tragarse el hueso. El vendedor, José, me hizo una demostración y me hizo probar.

“Cuando hace calor es muy refrescante”, me dijo. “A veces vendo la bolsa entera sin las pieles para que esté lista y sea fácil de comer”.

Foto: Maggie Cale

Mi siguiente parada fue el Mercado Chen Bech en la Calle 57 con la Calle 42, todavía en el Centro. Este mercado es pequeño pero divertido. La exposición de flores siempre me llama la atención y me tienta, y los precios son estupendos. Si a estas alturas necesitas un bocadillo, el puesto de la calle 57 tiene panuchos frescos.

Un señor de Chen Bech -muy amable pero no quiso dar su nombre- me mostró todos los tipos de fruta que tenían y me dijo que los vendedores están dispuestos a cortar las cosas por la mitad para los compradores que sólo quieren porciones de algunas frutas. En cambio, acabé comprando varios tomates porque tenían muy buena pinta. El mercado estaba lleno del aroma cítrico de las naranjas agrias recién exprimidas.

Foto: Maggie Cale

Mi última parada fue el mercado local de la Col. Itzimná. El personal de la Frutería Itzimná es muy amable y Miguel estuvo encantado de enseñarme una fruta local llamada anona. Se trata de una fruta de aspecto abultado y piel gruesa que puede comerse sola, convertirse en helado o incluso utilizarse como glaseado en un pastel. Miguel cortó la anona y, para mi sorpresa, vi una pulpa blanca y carnosa en su interior. Es bonita por dentro, pero por la cáscara no se puede pelar.

Un amable vendedor de frutas y verduras en Itzimná, Mérida. Foto: Maggie Cale

“Es muy dulce pero si la pelas y la trituras, le añades nata o yogur (quitarle las semillas es opcional, lo remueves y lo congelas”, dijo, “tendrás un helado estupendo”.

Volví a casa a preparar el helado y fue fácil de hacer. También había cogido una naranja agria -que tiene una cáscara grumosa y llena de bultos- pero su zumo es estupendo para el guacamole, en sustitución de la habitual lima. La naranja agria también es buena en los batidos.

Así que, con mis frutas de temporada y de origen local, preparé las dos recetas que aparecen a continuación, que no sólo son sencillas y rápidas, sino también deliciosas.

Helado de Anona

Fea por fuera, cremosa por dentro, la anona es estupenda para hacer helados. Foto: Maggie Cale

Rinde 2 porciones generosas
3 anonas
1 taza de crema o yogur

Cortar la anona y poner la pulpa en un bol. Retirar las semillas.
Mezclar bien la pulpa y la crema/yogur y congelar.

La segunda receta también es sencilla pero muy sabrosa. Por supuesto, no es un plato local, pero es una buena forma de utilizar los mangos.

Arroz pegajoso de mango tailandés

Casi todo lo que necesitas para una comida completa de arroz pegajoso de mango. Foto: Maggie Cale

Rinde 2 porciones
3/4 de taza de arroz pegajoso, o cualquier arroz a mano, cocido al vapor
1/2 lata de leche de coco
1 cucharada de miel
1 pizca de sal
1 mango

Cocer el arroz al vapor y dejarlo enfriar. Mientras el arroz se enfría, añade los demás ingredientes a una cacerola, caliéntelos y remuévelos hasta que se mezclen bien. Apagar el fuego.

Echar el arroz con una cuchara y remover hasta que se cubra con la salsa. A continuación, tape la olla y déjelo reposar durante 1 ó 2 horas. Absorberá los líquidos.

El mango y el arroz pegajoso van de la mano tras una visita a los mercados de Mérida. Foto: Maggie Cale

Poner el arroz en un plato y cortar el mango por encima. Espolvorea con canela u hojuelas de coco.

En Yucatán Magazine: Market Archives