En la cultura maya, la miel se considera una sustancia sagrada. Desde la antigüedad se ha utilizado con propósitos medicinales, en ofrendas, y más recientemente, como endulzante.

La península de Yucatán es reconocida a nivel mundial por su miel, producida por diecisiete especies de abejas que habitan en la región. Entre ellas, se encuentra la abeja melipona Beecheii.

Isabella Giussani sosteniendo una abeja Melipona Beecheii. Foto: Verónica Garibay

La miel de esta especie, conocida como “la abeja sagrada maya”, es especial por sus cualidades curativas. Famosa por su ausencia de aguijón, la melipona Beecheii se distingue de la abeja melífera, o abeja doméstica, por su pequeño tamaño y peluda apariencia.

La apicultura es popular en el estado, con más de 13,000 apicultores quienes suelen trabajar con abejas melíferas, que tienen la capacidad de producir hasta 50 kilos de miel al año. En contraste, las meliponas Beecheii producen alrededor de kilo y medio.

Isabella Giussani y algunas fotos que ha tomado para Melipona Beecheii. Foto: Verónica Garibay

Diana Mendieta se dedica a su conservación desde el 2014. Después de investigar sobre las prácticas apicultoras del estado, decidió abrir un meliponario enfocado en cuidar y cosechar, de manera amorosa y responsable, el llamado “alimento del sol”.

El Meliponario de Melipona Beecheii. Foto: Verónica Garibay

“Nosotros hemos confirmado las cualidades curativas de la miel,” cuenta Diana “y queremos ponerlas a disposición de la gente. Este es conocimiento ancestral que está muy cerca de perderse. Como meliponario, existimos para preservarlo y compartirlo con el mundo.”

Una abeja guardiana Melipona Beecheii asomándose de su colmenar. Foto: Verónica Garibay

Hoy, Melipona Beecheii opera desde Cholul, Mérida, y cuida a más de 500 colmenas de abejas. La abeja Beecheii es la que más abunda en el meliponario, pero Diana ha adoptado diferentes especies a las que también cuida. Entre ellas destacan la abeja Trigona fulviventris, comúnmente conocida como abeja de tierra, la abeja Euglossa, comúnmente conocida como abeja orquídea, y la abeja scaptotrigona pectoralis, conocida en maya como K’an’tsak.

Hogar de la abeja Trigona fulviventris, comúnmente conocida como abeja de la tierra. Foto: Yucatán At Home

Isabella Giussani trabaja con su madre como fotógrafa y directora de comunicación. En lugar de enfocarse en cantidad, su intención es garantizar la calidad de cada producto y el bienestar de sus abejas.

“Las prácticas habituales de apicultura no procuran el bienestar de la colmena,” dice Isa. “Están enfocadas en la producción masiva. Nuestro principal interés es que las abejas estén sanas, que sean felices, y que a partir de eso hagan miel. Es un producto que comparten con nosotros. Tomamos el excedente, pero el resto es suyo.”

Una abeja Melipona Beecheii entrando en su colmenar. Foto: Verónica Garibay

Melipona Beecheii se sostiene a través de la venta de productos medicinales hechos de miel, polen y cera. La extracción de las sustancias se realiza en un laboratorio siguiendo estándares farmacéuticos, lo que asegura la pureza y seguridad de la miel, así como el bienestar de las abejas.

Algunos de los colmenares de Melipona Beecheii. Foto: Verónica Garibay

La familia Giussani Mendieta vive en el terreno del Meliponario desde hace algunos años. El jardín de la casa tiene plantas de todo tipo, entre ellas tabaco, albahaca y tamarindo. A unos metros de la entrada, una pequeña fuente de agua corre, como bebedero para los insectos.

Un camino de piedra conduce a las colmenas. El jardín está dividido en tres secciones, con dos grandes quioscos de anaqueles llenos de apiarios, y una zona para pintura al medio.

Espacio de pintura para los visitantes en Melipona Beecheii. Foto: Verónica Garibay

Los colores de las cajas brillan al pasear por el meliponario. Cada apiario está inscrito con una intención y una oración que bendice la entrada y salida de sus habitantes. La pintura de los apiarios se ofrece como una actividad meditativa, a cambio de un pequeño donativo.

Una abeja guardiana Melipona Beecheii asomándose de su colmenar. Foto: Verónica Garibay

El jardín es un espacio contemplativo. Se escucha música baja, elegida para complementar la vibración de las abejas. La conciencia plena que se siente en el meliponario está también en sus redes, donde comparten meditaciones y reflexiones sobre la naturaleza.

Algunas de las 500 colmenas de Melipona Beecheii. Foto: Verónica Garibay

Isabella cuenta que los visitantes suelen interesarse por el bienestar de las abejas, y expresan su interés en hacer algo para abonar a su cuidado. Ella piensa que la manera de ayudarlas es a través de la conciencia y la atención, a lo que consumimos y a nosotros mismos.

Isabella Giussani sosteniendo una abeja Melipona Beecheii. Foto: Verónica Garibay

“El estar presentes determina nuestra experiencia humana.” dice Isa. “Al estar conscientes de que somos parte de un todo tomamos decisiones distintas. Lo que comemos afecta a las abejas, lo que hacemos en nuestro día a día, cómo nos comportamos. Si queremos apoyarlas, cuidar su entorno, debemos cambiar nuestra manera de vivir, y eso empieza con la atención.”

Conoce más sobre Melipona Beecheii en su página web, o en sus redes sociales.